El gobierno de Italia, encabezado por la primera ministra Giorgia Meloni, impulsó una propuesta para elevar de 5.000 a 10.000 euros el límite permitido para pagos en efectivo. Esta medida incentivaría el gasto turístico y atraería visitantes de alto poder adquisitivo, especialmente de países donde el uso de dinero físico -sin transacciones digitales- sigue siendo una práctica comercial habitual.
La medida fue propuesta por el partido oficialista Hermanos de Italia y se incorporaría al proyecto de Presupuesto para el próximo año. El esquema prevé que los pagos que superen los 5.000 euros queden alcanzados por un impuesto especial de quinientos euros, como mecanismo de control adicional. Según explicó el senador Matteo Gelmetti al Financial Times, la medida busca adaptarse a las costumbres de determinados mercados turísticos clave para la economía italiana.
Desde la oposición, la propuesta generó fuertes cuestionamientos. Sectores críticos advirtieron que la ampliación del uso de efectivo podría facilitar la evasión fiscal y el lavado de dinero, beneficiando a redes criminales a cambio de un tributo reducido. En tanto, la Liga, fuerza que integra la coalición de gobierno y controla el Ministerio de Economía, aún no fijó una posición pública.
El debate se da en un contexto europeo sensible. La Unión Europea acordó un tope común de 10.000 euros para pagos en efectivo a partir de enero de 2027, aunque habilitó a los Estados miembro a establecer límites más bajos, como ocurre en España, donde el máximo es de 1.000 euros. El ex primer ministro Mario Draghi había promovido la digitalización de pagos para combatir la economía informal, mientras que Meloni ya había elevado el límite de 1.000 a 5.000 euros al asumir el gobierno.

Finalmente, Meloni reivindicó la posición del país en el mapa global: Italia es la primera nación europea en competitividad turística, la segunda en Europa en presencias y el quinto destino más visitado del mundo con casi 58 millones de llegadas internacionales anuales.
“Nos preparamos para escalar otra posición”, concluyó la primera ministra italiana ante la prensa internacional especializada en turismo.
A través de las compras de productos y servicios turísticos, Italia embolsaría 127.000 millones de euros a lo largo de este año que implicaría un crecimiento del 3,8% en comparación a 2023. Sin embargo, asociaciones de consumidores advierten que el aumento de precios está afectando especialmente a los viajeros locales.
El turismo en Italia sumo a la gastronomía como un nuevo motor de su industria nacional de los viajes. Con 6,5 millones de búsquedas online de restaurantes típicos y trattorias, el país europeo se posiciona como tendencia gracias al auge de experiencias ligadas a la comida tradicional y al creciente interés digital por recetas y festivales.










