África se posicionó como un destino en crecimiento dentro del turismo de bienestar al combinar naturaleza, cultura ancestral y desconexión en entornos únicos que atraen a viajeros deseosos de equilibrio físico y emocional.

Marruecos y Egipto se consolidaron como los países más visitados de África al rozar los veinte millones turistas extranjeros anuales cada uno. Este arribo masivo fue impulsados por inversiones en infraestructura, conectividad aérea reforzada y eventos internacionale según los datos oficiales citados por la agencia financiera e informativa Bloomberg en un contexto de fuerte recuperación global del sector turístico tras la pandemia.

En el suroeste de Turquía, el pequeño pueblo de Akyaka logró lo que parecía imposible: crecer sin perder su alma. Enclavado entre montañas cubiertas de pinos y las aguas cristalinas del río Azmak, este enclave del litoral mediterráneo se consolidó como referencia internacional en urbanismo responsable, combinando arquitectura tradicional, equilibrio ambiental y desarrollo comunitario.

Egipto reactivó su sueño de volver a ser una de las capitales turísticas globales con la inauguración del Gran Museo Egipcio (GEM), un monumental espacio de 500.000 metros cuadrados ubicado junto a las pirámides de Guiza. Las autoridades confían en que este proyecto, el más ambicioso en la historia cultural del país, atraiga hasta siete millones de visitantes adicionales al año y eleve el flujo total de viajeros a treinta millones a f ines de 2030.

Ubicado frente a la costa occidental de África, Cabo Verde se tornó uno de los destinos turísticos emergentes más atractivos del Oceáno Atlántico. Este archipiélago tropical y volcánico capta la atención de viajeros de Europa y América que buscan una alternativa exótica al Caribe ya que también cuenta con playas vírgenes, cultura  y una hospitalidad marcada por la música e historia local.


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