El próximo verano marcará el crecimiento de varios destinos emergentes en Sudamérica que comienzan a posicionarse como alternativas frescas frente a los tradicionales polos turísticos de la región. En coincidencia con la opinión de los operadores del sector empresarial privado como los especialistas de la administración, estas propuestas ganan terreno gracias a su autenticidad cultural, su entorno natural y la posibilidad de disfrutar experiencias a precios competitivos.

La industria mundial del vino sufrió una caída sostenida de las ventas aunque el enoturismo compensó los ingresos y reconvirtió su modelo de negocio en un contexto de cambios profundos en los hábitos de los consumidores.

Una nueva plataforma digital lanzada en Estados Unidos permitió que los viajeros planifiquen itinerarios completos en torno a conciertos y festivales, consolidando el crecimiento del turismo musical como uno de los principales motores de la industria vacacional global.

El turismo internacional experimentó un cambio estructural en 2026, donde los viajeros comenzaron a elegir sus destinos en función de experiencias, eventos y motivaciones personales, dejando atrás el modelo tradicional basado únicamente en el lugar.

La provincia de Buenos Aires afianza su perfil enoturístico con propuestas que ganan protagonismo en destinos emergentes como Tandil, Chapadmalal y Paraje Macedo donde sus bodegas boutique, viñedos y experiencias gastronómicas configuran un nuevo mapa del vino bonaerense. Estas iniciativas se destacan por su producción limitada, orientación artesanal y fuerte vínculo con el turismo regional.


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