Turquía consolidó su liderazgo como potencia cultural y turística gracias al fenómeno global de sus series televisivas, que transformaron escenarios emblemáticos como Estambul, Capadocia o Ankara en auténticos imanes para el turismo internacional. Lo que comenzó como un éxito de ficción se convirtió en una estrategia de poder blando: un modelo de influencia cultural capaz de atraer visitantes, inversiones y admiración global.
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