La decisión implicó no renovar el acuerdo que originalmente había sido impulsado por el Instituto Nacional de Promoción Turística durante la gestión anterior. La administración actual optó por retirar el financiamiento central en línea con su política de reducción del gasto público, aunque la próxima edición de Michelin continuará con una ceremonia virtual y menor despliegue institucional.
Frente a ese escenario, los gobiernos de Buenos Aires y Mendoza confirmaron una inversión conjunta cercana a 400.000 dólares para mantener la presencia de la guía en sus territorios.
Las autoridades locales consideran a Michelin una herramienta estratégica para competir en el circuito gastronómico global, donde el posicionamiento internacional resulta clave para atraer turismo de alto gasto.

La discusión se produce en un contexto complejo. El turismo internacional en Argentina cayó alrededor de 14% en el último año y el turismo emisor descendió cerca de 13%, lo que impulsó a reforzar la gastronomía como motor de atracción y diferenciación.
El debate sobre Michelin también incluyó cuestionamientos por su enfoque en la alta gama. Sin embargo, el sector destacó categorías como Bib Gourmand y el reconocimiento a propuestas de calidad con precios accesibles. El desafío pasa por equilibrar lujo y democratización gastronómica, incorporando bares notables, bodegones y cocinas tradicionales al relato culinario nacional.
En paralelo, el secretario Daniel Scioli anunció durante el Consejo Federal de Turismo el lanzamiento de una guía gastronómica argentina con formato digital, multilingüe y alcance federal. La nueva plataforma buscará visibilizar cocinas provinciales y ampliar la promoción más allá de los grandes centros urbanos, reforzando una identidad culinaria diversa.
La coexistencia entre Michelin y una guía propia abre un nuevo capítulo para la gastronomía argentina. El país redefine su estrategia promocional combinando reconocimiento internacional y desarrollo de una herramienta nacional orientada a la federalización y la identidad cultural, en un escenario donde la cocina se consolida como activo estratégico del turismo.






