Una bebida rosarina es el cuarto mejor aperitivo del mundo
Martes, 16 Abril 2024 14:30

Una bebida rosarina es el cuarto mejor aperitivo del mundo Foto: Rosario3

Guía web especializada en gastronomía internacional, Taste Atlas eligió como número uno de América y también cuarto mejor licor herbal del mundo a la bebida argentina Amargo Obrero que es patrimonio cultural de la ciudad santafesina de Rosario.

Creada en 1887 como contrapartida de las bebidas dulces que consumía la clase alta, el Amargo Obrero de Rosario se consolidó como el aperitivo de la clase trabajadora argentina a base de combinar hierbas como carqueja, manzanilla y la muña muña que le aportan un sabor único por su equilibrio justo entre dulzor y amargor. 

Tras calificarlo con 4 puntos sobre un máximo de cinco, Taste Atlas describió a esta bebida rosarina como “un amargo de color marrón oscuro que se caracteriza por su sabor a hierbas casi a regaliz".

Además recomendaron esta bebida embotellada al 19,9% de graduación alcohólica se combine con agua tónica, jugo de naranja, Coca Cola e incluso agua con gas.

Este ranking global se elaboró en base a la opinión de 1.209 usuarios conocedores de las bebidas herbales.

 

Historia del Amargo Obrero

Los inmigrantes italianos Pedro Calatroni y Hércules Tacconi, empresario y contador respectivamente, idearon esta bebida pensando en los hombres que trabajan de sol a sol en la Rosario del siglo diecinueve, quienes bebían un vaso de este aperitivo como ritual colectivo al concluir la jornada laboral.

La etiqueta original impactó por su Amargo en letras negras y el Obrero en letras rojas que se vinculaba a los movimientos anarquistas de fines de 1800. Esta estética se reforzó con las ilustraciones de la hoz, espigas de trigo, un puño en alto, un hombre trabajando en el campo y un sol naciente.

En plena crisis vitivinícola de 1950, Amargo Obrero se popularizó con su campaña publicitaria radial que repetía "El trago vistoso para el hombre vigoroso".

A esto se le agregó la difusión en diarios y revistas con el slogan "El aperitivo del pueblo argentino". La empresa colocó carteles publicitarios en los barrios porteños de La Boca, Retiro, Constitución y toda estación de trenes o colectivos que transportaban a los trabajadores que constituían su gran clientela.

Avanzados en el arte del merchandising, hicieron llaveros, almanaques y ceniceros de lata con los colores rojo y negro que popularizaron aún más la marca.