La iniciativa busca transformar el rol de la capital chilena. El objetivo es consolidar al turismo como un motor de desarrollo económico, social y territorial, fortaleciendo su posicionamiento dentro del mapa turístico latinoamericano. El plan se construyó con una amplia participación ciudadana. Más de 9.000 habitantes fueron convocados para definir lineamientos estratégicos, mientras que la oferta turística de los 52 municipios del área metropolitana se integró en una única plataforma.
El liderazgo político destaca el potencial del destino. Las autoridades sostienen que la ciudad cuenta con atributos diferenciales como el vino, la cordillera, la cultura, la gastronomía y la capacidad para organizar grandes eventos internacionales. El sector privado plantea desafíos concretos. Se remarca la necesidad de avanzar en promoción internacional, mejorar la seguridad, fortalecer la infraestructura y recuperar espacios urbanos para potenciar la experiencia del visitante.
La estrategia se estructura en tres ejes centrales. Se apunta a posicionar a Santiago como capital del vino y la montaña, consolidarla como un hub de negocios y eventos, y garantizar un destino seguro, sostenible y de calidad. El enfoque integral aparece como uno de los pilares. La articulación entre actores públicos, privados y académicos permite diseñar políticas de largo plazo orientadas a la competitividad turística.
El desafío será convertir la planificación en resultados. La implementación efectiva de esta hoja de ruta definirá la capacidad de Santiago de Chile para consolidarse como uno de los destinos más atractivos y sostenibles de América Latina.









