El proyecto insignia es Red Sea Global (RSG), el desarrollador turístico controlado por el fondo soberano saudí (PIF), que lidera la construcción de un complejo de lujo en un archipiélago de 90 islas vírgenes del mar Rojo, un entorno considerado uno de los más prístinos del planeta.
“No buscamos un turismo masivo, sino un turismo de alto valor con una huella positiva en el entorno”, explicó John Pagano, director ejecutivo de RSG, en diálogo en su diálogo con periodistas de la agencia internacional de noticias EFE.
Hasta el momento, la empresa inauguró seis complejos turísticos y planea abrir otros dieciocho en los próximos meses, con la meta de no superar el millón y medio de visitantes anuales en un área de 4.200 kilómetros cuadrados.
El objetivo —según describió John Pagano— consiste en aumentar en un 30% el valor de conservación del destino en las próximas dos décadas, combinando la rentabilidad con la regeneración de hábitats marinos.
Entre las iniciativas más destacadas figura la restauración de arrecifes de coral, liderada por un equipo de científicos internacionales encabezado por el biólogo español Carlos Duarte, reconocido por su trabajo en resiliencia oceánica. “El archipiélago del mar Rojo permaneció intacto durante siglos, lo que nos brinda una oportunidad única para desarrollar un modelo turístico sin precedentes en equilibrio con la naturaleza”, señaló Duarte.
El proyecto también busca preservar el equilibrio cultural y social del reino. En un contexto donde el alcohol sigue prohibido, el turismo saudí se posiciona bajo el concepto NoLo (no alcohol, low alcohol), apuntando a un público que prioriza el bienestar, la espiritualidad y la exclusividad. “No rechazamos al visitante, pero tampoco vamos a desarrollar infraestructuras para diez millones de personas. Apostamos por la calidad, no por la cantidad”, sostuvo Pagano.

Desde 2017, bajo el liderazgo del príncipe heredero Mohamed bin Salmán (MBS), Arabia Saudita ha implementado reformas que incluyen la apertura de cines, la organización de conciertos internacionales y la flexibilización de normas sociales, junto con megaproyectos como Neom, AlUla y The Line. Todos comparten una visión: convertir al país en un destino global de innovación, lujo y sostenibilidad.
Con inversiones multimillonarias, pero bajo una lógica ambiental inédita en la región, Arabia Saudita intenta redefinir el turismo del siglo veintiuno. El desafío será demostrar que la regeneración puede ser rentable y que el crecimiento económico puede convivir, esta vez, con la preservación de los ecosistemas más valiosos del planeta.
El gobierno de Arabia Saudita invertirá cien millones de dólares en un programa de capacitación profesional para que 100.000 jóvenes saudíes se especialicen en todas las áreas del turismo promoviendo el crecimiento interno al mismo tiempo que se trabajará para captar visitantes del exterior.
A través de su ministerio de turismo, este plan Tourism Trailblazers formará personal calificado con el aval académico de las mejores escuelas de capacitación turística mundial continuando con la política de estado que promueve el desarrollo del sector.
Según datos oficiales del reciente barómetro de la Organización Mundial del Turismo (OMT), Arabia Saudita es el destino de mayor crecimiento del Grupo de los 20, popularmente conocido como G20, con avance del 121% gracias al impulso que le dio la peregrinación a La Meca sumado a las obras e inversión tanto del sector estatal como de capitales privados.










